En Galicia, un esfuerzo conjunto entre bodegas y centros de investigación está permitiendo la recuperación de variedades de uva en peligro de extinción, muchas de ellas desplazadas en el pasado por otras más productivas o adaptadas a la demanda del mercado. Este proceso busca no solo preservar el patrimonio vitivinícola de la región, sino también aportar diversidad y singularidad a los vinos gallegos, ofreciendo nuevas alternativas enológicas con identidad propia.
Algunas bodegas han comenzado a experimentar con variedades ancestrales descubiertas en viñedos antiguos, como el cascón, una cepa centenaria que ha sido recuperada y ahora se incorpora en pequeñas producciones experimentales. También se están realizando ensayos con el caíño blanco y el loureiro, variedades que, pese a su escasa presencia actual, poseen características aromáticas y estructurales de gran interés. Otro caso es el de la uva ratiño, originaria de la zona de Barro, que ha demostrado un gran potencial de envejecimiento y una acidez equilibrada, similar a la del albariño, lo que abre nuevas posibilidades para su comercialización en el futuro.
El rescate de estas variedades no solo implica un reto agronómico, sino también un cambio en la manera de entender la viticultura. Tradicionalmente, muchas de estas cepas fueron desplazadas debido a su menor rendimiento o mayor dificultad de cultivo, pero hoy en día, el interés creciente por vinos con carácter propio y autenticidad está favoreciendo su revalorización. Las bodegas implicadas en este proceso buscan diferenciarse con productos exclusivos que reflejen la riqueza y diversidad de los viñedos gallegos, atrayendo tanto a consumidores locales como a un mercado internacional que valora la singularidad y la tradición en cada botella.
Este esfuerzo por recuperar variedades olvidadas no solo enriquece la oferta vinícola de Galicia, sino que también contribuye a la sostenibilidad del territorio, fomentando una viticultura más respetuosa con el entorno y menos dependiente de variedades estandarizadas. Con cada nueva cepa rescatada, se abre la posibilidad de descubrir perfiles aromáticos únicos, consolidando a Galicia como una de las regiones vitivinícolas más diversas y dinámicas de la península.